El fin del paseo cordobés por el
Monumental. Raúl de la Cruz Chaparro -que al año siguiente sería comprado por
River, cumpliendo una floja campaña- esquiva a
Agustín Cejas y toca al gol.
Merlo y
Tarantini sólo son espectadores. Era el quinto: Instituto goleaba a los
millonarios por 5 a 2 en
Núñez, en el marco de la 18a. fecha del Metropolitano 1981. El elenco de
Labruna salió con
Cejas; Saporiti, Pavoni, Passarella y Tarantini; Iervasi, Merlo y Tapia; P. González, R. Díaz y Vieta.
El ex arquero de Racing había llegado a
River a principios de esa temporada, después de haber sido dejado libre por decisión del técnico José Pastoriza, debutando en la 4a. fecha en la victoria en La Plata ante Estudiantes por 3 a 2. Fillol seguía siendo el titular induscutido. Pero para brindarle su respaldo, la tribuna visitante lo recibió con el típico
“Agustín, Agustín!” que lo saludaban los racinguistas; así y todo, mucha gente extrañaba todavía al siempre
cumplidor Luis Landaburu, transferido a Vélez. Esa noche contra
El León también debutó
René Houseman, siendo reemplazado por
Ramón Díaz, autor del tanto del triunfo.
Cejas volvió a jugar en la 7a. jornada, en el empate de local 2 a 2 frente a Rosario Central. Tuvo continuidad en las dos fechas siguientes, actuando de manera aceptable: en el empate en cero ante Racing en Vélez (la noche que los hinchas de la
banda silbaron al uruguayo Carrasco, ahora en Avellaneda) y en la victoria 1 a 0 contra Talleres de Córdoba, en
River.
Retornó al arco reeemplazando a
Fillol en la igualdad 1 a 1 frente a Platense en cancha de Atlanta y atajó más tarde en la derrota en el
Monumental contra Independiente: 2 a 1. Llegó en la fecha siguiente la inesperada
paliza de Instituto y recién volvió a la
portería en la anteúltima fecha del certamen, esta vez en un 5 a 2 a favor contra N. O. Boys.
Comenzó jugando la primera fecha del segundo torneo del año, el Nacional 81, en el empate 2 a 2 frente a Guaraní Antonio Franco de Posadas, Misiones, la tarde que debutó el
Tolo Gallego señalando un gol. Ya no volvería a atajar. Anunció que dejaba el fútbol a fines del 81 en forma apagada, intrascendente, tal vez demasiado en silencio en relación a su notable trayectoria en Racing, en el Santos de Brasil y por su don de buena gente.
River le había comprado el pase directamente al jugador, intentando salvar su carrera, luego del menosprecio manifestado por el
Pato Pastoriza. Pero fue simplemente un tránsito, ya que nunca llegó a
discutirle el puesto a Fillol. Es que
aterrizó en el club de Núñez en un momento histórico
errado: ya tenía la mente puesta en el retiro.