Así como para intentar la conquista de la tan esquiva Copa Libertadores,
River Plate adquirió hace algunos años atrás a elementos destinados supuestamente a corregir
debilidades anímicas y defecciones
a la hora de pelear los partidos a nivel continental
(San Martín, Loeschbor, L. Fernández, F. Domínguez, Talamonti y siguen las firmas, lamentables firmas...), el cuadro de
Núñez, llegado el año 1968, se preocupó en obtener valores con características similares a las mencionadas, al menos para
cambiar la historia en los torneos domésticos. Es que en 1957 había sido el último festejo, la última vuelta olímpica y la hinchada seguía acompañando pero
no daba más...
Así es que los
millonarios compraron a
M. A. López, Carlos M. Rodríguez (ambos provenientes de F. C. Oeste), el veterano
Ferreiro (dejado libre por Independiente), el bahiense
Recio (de Platense) y el mendocino
Roberto Gutiérrez.
En el primer partido oficial del año,
River le ganó a Central 1 a 0 en Rosario, pero en las dos fechas siguientes no respondió a las expectativas: igualó con Tigre en el
Monumental 1 a 1 y perdió ante Huracán 1 a 0. Goleó 5 a 0 a Chacarita como local, perdió en Atlanta contra Arg. Jrs. por 2 a 0 y luego igualó en la Bombonera 1 a 1 con Boca. Llegaron entonces cuatro victorias consecutivas: 1 a 0 a Gimnasia en el
Liberti, 2 a 1 a Independiente en Avellaneda, el mismo resultado a Velez como local e idéntico score frente a Quilmes como visitantes. Pero cerró de manera defectuosa la primera rueda: perdió contra Los Andes 3 a 1 en el
Monumental...
En el comienzo de la segunda ronda, igualó frente a Central sin abrir el marcador también en
River y posteriormente llegaron tres triunfos sucesivos: 3 a 0 a Tigre en Victoria, 1 a 0 a Huracán, 3 a 0 a Chacarita en San Martín (a cuyo cotejo corresponde esta imagen: parados
M. A. López, Morcillo, Chávez, Zywica, Carrizo y Guzmán. Agachados: Montivero
, Matosas, D. Onega, E. Onega y Vitali) y 1 a 0 al Bicho
en casa.
El 0 a 0 siguiente frente a Boca dejó tristemente para el recuerdo la temporada de 1968: fue cuando se produjo la tragedia -la más grave en la historia del fútbol argentino- en el
Monumental: 71 muertos.
Llegaron dos 1 a 0 seguidos a favor de
River (ante Gimnasia en el
Bosque y luego frente a Independiente como local) y en la fecha siguiente tuvo lugar el famoso 1 a 1 en Liniers frente a Velez, la tarde del record de
Carrizo, quien se convirtió en el primer arquero en mantener su arco invicto en 8 partidos consecutivos.
Las dos fechas finales marcaron sendos empates: frente a Quilmes 3 a 3 y luego ante Los Andes 1 a 1, conjunto al que pudo doblegar en el torneo. De todos modos,
River ocupó el segundo puesto (primero fue Velez) en la
Zona B y se clasificó a la semifinal para enfrentar a San Lorenzo. El otro partido era el que disputaban el cuadro de Liniers y Estudiantes.
Pero fue mediocre la actuación esa noche en cancha de
Amadeo, en cancha de Racing, como la de casi todo el equipo. Pedro González, en sus tiempos
azulgranas, abrió el marcador cuando se jugaba la segunda etapa. Igualó
E. Onega faltando un cuarto de hora para el final, pero en rápida sucesión San Lorenzo (que finalmente sería el campeón del Metropolitano 1968 al derrotar en la final al
Pincha) se puso 3 a 1 con goles de Cocco -que llegaría a
River en el 76, cumpliendo una opaca labor- y Veglio.
Ni
Recio, ni
M. A. López ni el
Chamaco Rodríguez con sus
agallas pudieron cambiar el destino. En aquellos tiempos,
River estaba
condenado al éxito... de los rivales en las finales.